martes, 6 de octubre de 2020

El aroma de un desconocido

 (historia encontrada y corregida por mi)

A punto de cumplir mis 16 años. En ese entonces, tenía una novia. Como casi todos en el secundario. Mantenía relaciones con ella, pero algo, algo, no era completo. No sabía exactamente qué me sucedía. No sabía que lo que me faltaba era un hombre. Lo empecé a saber el día que recibí un paquete en mi casa. Lo había entregado el cartero. Me lo entregó mi madre y me sorprendí porque nunca recibí nada antes.


Tenía mi nombre escrito. Obviamente alguien me estaba enviando algo, pero no tenía remitente. Lo abrí entre emocionado y a la vez nervioso también. Lo primero que vi fue un sobre cerrado que decía: leelo atentamente. Y luego una bolsita transparente. En ella, algo que se veía como tela. Al abrirla, vi con cierta repulsión que se trataba de un slip de hombre de color azul algo gastado.
Suerte que mi madre no estaba allí cuando abrí el paquete. 

Me asusté mucho y fui a mi cuarto para leer esa dichosa carta. 

Quién me está jugando esta broma?, pensé.


Abrí la carta (misma que aún conservo) y leí su contenido. Textualmente dice: 

"Supongo que estarás nervioso, pero quiero que te tranquilices. Soy alguien que no te quiere hacer ningún daño. En realidad nos conocemos, pero no creo que en este momento te imagines quién soy.

Lo que recibiste es el slip que usé los tres últimos días. En él está mi aroma, mi aroma a hombre, mi aroma a verga. Quiero que lo acerques lentamente a tu nariz y comiences a oler. Sé que percibirás mi aroma, y sé que te gustará.

Hazlo... ya!"


Eso era todo. Recuerdo que mi corazón latía muy deprisa. Tenía miedo, y estaba nervioso. Pero lo peor de todo, es que la bolsita con el slip estaba frente a mí, en la caja y la frase de acercarme a él y olerlo se repetía en mi cabeza. No sé por qué, pero lo hice, tal como me había escrito lentamente lo acerqué a mi nariz.
Al principio no olí nada pero luego acomodé la parte donde iría la verga en mi nariz y lo distinguí perfectamente. Sentí el olor de ese hombre... y tenía razón, me gustó, porque mi verga tenía una gran erección al estar haciendo esto.

Me fui al baño, puse la carta delante de mí y el calzón en mi nariz y me pajee... Acabé como hacía mucho no lo hacía... guau...

Escondí el paquete y me quedé pensando quién sería que mandó esto. Tenía que salir con mi novia, pero le hablé para decirle que me dolía un poco la cabeza. Quería pensar y descubrir quién estaba detrás de esto. Seguía pensando en que era una broma, pero no lo era...

Los días fueron pasando y no había noticias. Sin embargo, el slip se convirtió en parte de mi vida. Recuerdo que una noche lo puse sobre mi almohada y oliendo fuertemente, me excité de tal manera que eyaculé sobre las sábanas, haciendo un verdadero desastre.
Mi vida seguía igual, sólo que cada vez quería estar menos con mi novia. Prefería soñar con el hombre de aquel slip. Lentamente le fui poniendo rostro, nombre, cuerpo casi sin querer.

A las dos semanas exactas llegó un segundo paquete. Igual que el anterior. Al abrirlo una nueva carta y en el fondo, tres bolsitas. En cada una vi un slip diferente.

Esta segunda carta decía: 

"Estoy seguro que disfrutaste mi primer envío. Sé que entré a tu cuerpo a través de tu nariz. Posiblemente, no te hayas dado cuenta... pero soy parte de vos. Ya sos mío.

Esta vez lo que te propongo es un juego. De los tres slips, uno es mío. Los otros dos, de dos personas diferentes a quienes les robé su ropa más íntima. Tenés que descubrir cuál es el mío. Cada uno tiene un número. Comenzá a olerlos y descubrime.

Estaremos en contacto pronto".


No podía creer lo que pasaba. En mis manos tenía tres slips y estaba oliendo uno y otro. Me acuerdo que al principio me parecía que nada olía, pero lentamente con paciencia comencé a percibir los olores. Todos me parecían igual. Me ponía nervioso no saber cuál era el de él. Todos eran de la misma talla, así que no podía saberlo por eso.

Pasaron varios minutos en los que me los pasé por la nariz varias veces a uno y otro, y finalmente, lo descubrí. El nº 3 tenía algo especial, un aroma que ya conocía, era el aroma de mi hombre. En otras palabras, el olor de mi macho. Y acariciándome todo el cuerpo me pajeé otra vez. Estaba totalmente enloquecido por lo que me estaba haciendo este desconocido.


Pasaron solo dos días y el teléfono sonó. Al contestar yo, escuché por primera vez su voz. Me dijo: Carlos... decime el número de mi slip. Me agarró totalmente de sorpresa y me quedé mudo. Entonces dijo: "Estoy esperando...". Y solamente le dije: el 3.

Escuché una risa y me dijo: sabía que lo harías... y sí, es el tres. Pronto podrás disfrutar verdaderamente y sentir el olor de mi carne...


Cortó la comunicación. Su voz gruesa varonil me decía que se trataba de un hombre de más de 30 años. Yo pensaba que se trataba de alguien del colegio, pero no... Quién serás desconocido....?

"...pronto olerás mi carne..." Las palabras de este hombre resonaban una y otra vez en mi cabeza. 

Me di cuenta lo tonto que era. -Cómo es posible que le dije que su aroma estaba en el calzón 3? -Cómo es posible que le dijera que había hecho lo que me había pedido? Una y otra vez me decía a mí mismo: sos un estúpido. -Cómo hiciste algo así? Ni siquiera sabés quién es ese loco que anda mandándote esas cosas?! Pero sabe mi nombre, mi dirección, mi teléfono... Comencé a asustarme realmente.

Decidí deshacerme de esos calzoncillos. Era lo mejor. Los tiraría a la basura, la llamaría a mi novia y me iría a pasear. Era lo que tenía que hacer. Pero algo sucedió. En el momento de tener en mis manos su slip, y estar a punto de tirarlo, decidí olerlo por última vez. El aroma recorrió todo mi ser y volví a caer en sus manos, tal como me había dicho. Mi pija se me paró con toda la fuerza dentro de mis pantalones. Tuve que liberarla y comenzar a pajearme mientras olía y olía una y otra vez sintiendo ese dulce olor a macho que me encantaba, hasta derramar una vez más mi leche pensando en aquel desconocido.

Los volví a guardar, decidido a tirarlos... mañana tal vez? me decía a mi mismo. Pero si este tipo me volvía a llamar, le diría que me deje de molestar, que es un degenerado y que lo iba a denunciar. Claro que sí. Así lo haría.

Debía olvidarme de él. Tenía que intentar a volver a ser "normal". Le hablé a mi novia y le dije que necesita verla. Ella siempre fue muy linda conmigo, y además, caliente. Fuimos a ver una película y en el cine comencé a acariciarla, tocarla, a besarle el cuello y la boca. Ella respondía a mis caricias y mi verga respondió también. Me sentí un poco más tranquilo. Seguía siendo "hombrecito".

La llevé a mi casa, a mi pieza y en esa cama donde ya habíamos cogido un par de veces, decidí hacerla mía una vez más. La desnudé y comencé a besarla toda, mi lengua recorrió todo su cuerpo mientras ella suspiraba y gemía. Me acerqué a su vagina, húmeda y deliciosa (?), como siempre (?)... Pero.... Pero.................. El olor! El olor no era el que deseaba oler. El olor era de vagina, y ese día me olió más que nunca a pescado muerto... Mi pija dura se fue achicando con gran rapidez.

-Qué te pasa? Me dijo. No sé... de pronto me mareé, me siento mal. Ella intentó reanimarme... pero mi pija era un lamentable pedacito de carne, casi muerta... "No te preocupes, a todos les pasa alguna vez" me dijo. Es cierto, pero jamás me había pasado a mí. La llevé a su casa y desde ese día nunca más pude hacerle el amor.

Cinco días transcurrieron hasta que él llamó. Eran las 6 de la tarde, estaba haciendo tarea con un compañero del colegio, cuando él me llamó. Tenía la habilidad de sorprenderme siempre:


Hola... me dijo. Reconocí su voz de inmediato... -
Quién habla? dije. "Lo sabes muy bien" respondió con su gruesa y dominante voz. Le dije "Mirá, te voy a pedir que dejes de llamar a esta casa y molestarme". "No digas eso, si te encanta lo que te estoy haciendo..." me dijo. 

Corté la comunicación.

Mi corazón latía rápidamente. Mi compañero me preguntó que me pasaba. Le dije que nada, que ya volvía con él a hacer la tarea. Pero el teléfono volvió a sonar y al ponerlo en mi oreja, él me dijo: "Veo que necesitas un poco más de mi tratamiento. Estaremos en contacto". 

Y esta vez cortó él.


-Cómo sentarme a hacer ahora tranquilo la tarea? Estaba re nervioso. 

-Qué quiso decirme con lo del "tratamiento"? Hice el esfuerzo y me senté a estudiar. No sé como lo logré, pero terminamos la tarea y mi amigo se fue. Yo salí a tomar un poco de aire a la calle. Necesitaba caminar y pensar.

Descubrí que algo nuevo sucedía en mí. Mis miradas se dirigían a los hombres, pero no a los de mí edad, sino a los de 30 o más. Miraba sus bultos, miraba sus rostros, sus ojos. Caminaba y caminaba y en una oportunidad, vi acercarse un hombre maduro hacia mí. Tenía unos jeans azules algo ajustados y una camisa blanca con 3 o 4 botones abiertos, de la cual salía parte de su vello en el pecho. Cuando lo miré a los ojos, al estar ya cerca de mí, mi mirada se cruzó con la de él. Él también me estaba mirando. Me quedé inmóvil, casi petrificado. En algún lado había leído que los gays se descubrían entre sí a través de las miradas. Me di vuelta y el tipo estaba parado mirándome. Me puse a correr, y a correr.

Llegué a la casa agitado y me tiré en la cama. La respiración comenzó a calmarse, pero mi pija comenzó a erguirse, pensando en ese hombre que me resultó muy atractivo en la calle, maduro con barba de unos días, y esa camisa que dejaba ver sus vellos del pecho guau me encantó, a quien en mi fantasía le asigné la voz del teléfono y por supuesto, el aroma de esa verga que tanto deseaba y me hacía agua a la boca.

El tal "tratamiento" llegó unos días después. Una caja como las anteriores. En la parte externa decía: Abrila a las 8 de la noche. Eran las dos de la tarde. -Por qué tenía que esperar? La iba a abrir cuando yo quisiera, pero no lo pude hacer. Sentí que tenía que hacerle caso, era su forma de jugar conmigo, de dominarme, pero en realidad, y sin haberme dado cuenta, él ya se estaba apoderando de mí enteramente.

A las 8 en punto abrí la caja y otra vez adentro había una carta y un nuevo slip en su bolsita. Esta vez la carta era más extensa:

"Vas a hacer todo lo que te diga. Primero quiero que vayas a tu habitación, que te acostés en la cama y te desnudes totalmente. Luego, sigue leyendo la carta...". No lo dudé ni un segundo. Afuera toda la ropa. Mi verga ya estaba durísima. Seguí leyendo:

"Esta vez mi slip tiene algo diferente... no sólo está en él mi aroma, mi olorcito a macho, sino también una gota de mi semen... Lo podrás encontrar en la parte delantera del slip. Quiero que lo pruebes con tu lengua, porque será la primera gota que entrará en vos. Además, coloqué un polvito blanco en la zona de mis huevos. No lo quites. Ese polvito ayuda a que el olor se sienta con más fuerza, tal como a vos te gusta. Disfrutá de este tratamiento, gozá con ganas y tené el teléfono a mano. Es posible que te llame".

Agarré con cuidado la bolsita y saqué este tercer slip de él. Enseguida vi el polvito blanco, y tal como me había dicho, me esforcé para que nada se cayera. Distinguí y sentí la humedad en la parte delantera del slip. Me daba un poco de asco, pero mi lengua recorrió esa parte con gusto y placer la verdad. Realmente, no me di cuenta de mucho, pero la sola humedad me calentaba.

Era el momento de oler a este hombre con este producto que le había colocado para incrementar su aroma. Decidí aspirar con todas mis ganas. El aroma entró con fuerza. Realmente olía fuerte, riquísimo. El polvito blanco entró por mis fosas nasales. Seguía oliendo y oliendo, pero algo me estaba pasando. Me estaba mareando un poco, pero estaba muy excitado y caliente. Mi cuerpo ardía. Pasaba mi mano por la verga y sentía que iba a acabar ya, por lo que la sacaba. Pero cuando me acariciaba mi pecho, o las piernas, sentía que todo en mí era electricidad. No podía dejar de oler su aroma, su olor a macho que había dejado en aquel slip y el polvito blanco estaba en toda mi cara, pero en especial, más en mi nariz.

No escuché el teléfono, ya que de la calentura que tenía estaba prácticamente "volando" cuando mi vieja golpeó la puerta y me gritó: atendé que te están llamando a vos!. Sabía que era él, y así, acostado, desnudo y con su slip cerca de mi nariz, le dije: Hola.



-Cómo estás, bebé?

-Bien papito... contesté

-Bien... caliente?

-Sí,
conteste suspirando casi gimiendo.

-Casi no podés hablar, no? La excitación es enorme, no es cierto?

-Así es...

-Decíme que hacés.

-Me toco, me acaricio y te huelo.

-Te gusta mi olor?

-Me encanta papi!

-¿Cómo está tu verga?

-Durísima, le dije.

-No quiero que te la toqués más.

-No puedo evitarlo.

-Dije que no te la toques más! 
(dijo en tono serio y fuerte con su voz gruesa)


-Por qué?

-Porque tu verga dejará de ser el centro de placer de tu cuerpo y mi verga será tu mayor placer.


No sabía que me pasaba... Estaba excitado pero había algo más. Ni siquiera mi voz era normal. Sentía que todo mi cuerpo estaba caliente, toda mi piel. Dejé de tocar mi verga al instante que me dijo.


-¿Te sientes raro?

-Sí, un poco.

-Pero muy excitado. Más que nunca -no?

-Así es.

-Es producto del tratamiento. OLÉ UN POCO MÁS BEBÉ!


Así lo hice.

-Sabes que son los Poppers?, me preguntó

-No la verdad, le dije

-Ya te lo explicaré otro día, pero ahora quiero que humedezcas un dedo tuyo y comencés a acariciar con su humedad tus pezones.


Cada palabra suya era una orden. En apenas un segundo mi dedo humedecido con mi saliva giraba alrededor de mis pezones. Los cuales se pusieron muy duros, muy rápido.


-Te gusta tocarte ahí?

-Se siente muy lindo.

-No dejes de hacerlo, son tus tetitas, precioso.

-Me acariciaba más y más. Nunca había sentido tanto placer en esa zona como ahora.



-Vuelve a chuparte un dedo y así, acostado, levanta tus piernas y llevalo a tu culito.

-Sí papito.
Le dije como aniñando la voz.

-Acaríciate el agujerito despacito y deja que tu dedo empiece a entrar en vos.

-Sí, sí... Le dije suspirando

-Te encanta, no es cierto?

-Sí, y mucho, me calienta muchísimo

-Pero sabes que tu culito necesita algo más que un dedo, no?.

-Sí

-Decíme que es... decímelo bebé!

-Vergaaaaaa!


Cortó la comunicación y yo seguí acariciando mi cuerpo, hasta derramar mi lechita sobre mi pecho sin tocármela. Por primera vez, probé mi semen. Estaba aprendiendo rápido, demasiado y me encantaba.

Necesitaba que me llamara nuevamente, pero el "malvado" no lo hizo en ese momento.

Mientras intentaba despejar mi mente y limpiarme, sabía que estaba perdido. Alguien había descubierto el secreto más profundo que tenía. Tan secreto, que ni yo mismo lo conocía totalmente. Tenía mucha culpa de haber hecho lo que hice, de haber cedido a ese hombre, de haberme dejado llevar al placer total, haciendo lo que él me decía.

Seguía un poco aturdido, mientras iba guardando todo lo que él me había enviado. Me preguntaba quién sería, pero al mismo tiempo intentaba no saberlo, porque me daba mucho miedo. Era una mezcla extraña de sentimientos. Por una parte lo deseaba, era indudable. Pero por el otro, quería que desapareciera, que me dejara en paz.

En el fondo sabía que no tardaría en descubrir quién era. -Qué haría entonces? Acaso me escaparía o por el contrario, iría con él y dejaría que pase lo que tarde o temprano iba a suceder?

Tenía muchas dudas. Pero él no me dio demasiado tiempo para más dudas. A los tres días, la duda se develó.

Como todas las mañanas salía a las 7 a tomar el colectivo que me llevaba a mi colegio. Pero esa mañana, un auto se detuvo en la parada del bondi. Por el parabrisas percibí la imagen de un hombre, que me miraba profundamente. Un hombre que se me hacía conocido, pero a quien no distinguía muy bien. Y del espejito retrovisor, colgaba algo. Yo esperaba el colectivo, pero miraba hacia el auto ahí parado y finalmente distinguí que del espejito colgaba una bolsita idéntica a las que me había enviado mi hombre, mi macho.

Comencé a caminar... En el fondo sabía que era él. Mi corazón latía muy fuerte. Caminé y me di cuenta que el auto avanzaba. Se puso al lado mío y la ventana se bajó. Escuché su voz: "es hora de que subas", me dijo con su voz gruesa y masculina. Lo miré y lo reconocí: era Alberto, un señor que trabajaba en la papelera de la esquina de mi casa y que desde hace años lo conocía. No podía creer que fuera él.

Me detuve y lo miré: -Subís o preferís ir al colegio?


No le contesté. Estaba totalmente petrificado. No podía siquiera pensar qué hacer. Lo vi tomando la bolsita del espejito y mostrándomela me dijo: subí, que esto es tuyo. Sus ojos y su mirada penetraban mi cabeza: ojos cafés claros que me estaban deslumbrando. La bolsa en sus manos y su mirada hicieron lo suyo: abrí la puerta y entré al auto, sin siquiera prestar atención al hecho de que alguien pudiera haberme visto.

Alberto se sonrió, cerré la puerta y arrancó. "Olelo, sentí su olorcito", me dijo, "quiero verte haciéndolo". Abrí la bolsa y me reencontré con su aroma... Realmente me enloquecía. Mientras manejaba, él me miraba y se sonreía, era hermoso, mientras yo cerraba mis ojos y me entregaba al placer de ese olor a hombre que emanaba su ropa más íntima, que me estaba dando este hombre, con sólo su puro aroma a macho.


"Quiero verte pajeándote", me dijo. Mi mano se fue directo a mi verga, y por sobre el pantalón comencé a acariciarme. Él detuvo el carro y me miró fijamente. Era realmente atractivo tan macho: su pelo castaño oscuro, sus ojos hermosos, sus labios... y por supuesto, un cuerpo que recordaba muy bien; 
corpulento, grandote, macizo, con algo de panza cervecera como le dicen, muy peludo porque siempre se notaba en las camisas que usaba ya que no abrochaba los primeros botones, y esa barba de unos días que lo hacían ver tan masculino y macho. En realidad, lo tenía bien visto... Aunque jamás imaginé que fuera gay y que yo iba a estar ahí, a solas con él, en su auto. Mirándolo a la cara mientras me tocaba, seguía acariciando mi pija por sobre el pantalón mientras seguía oliendo su calzón tan rico.

Él tomó mi mano y me dijo: creo que no entendiste lo que te dije el otro día por teléfono. Te lo recuerdo: a tu placer lo debes encontrar en otra parte del cuerpo. Tu pija debe permitirle al resto de tu cuerpo poder gozar. Se acercó lentamente y apoyó sus labios en los míos. Jamás había besado a un hombre. En realidad, no sabía qué hacer. Pero no tenía que saber hacer nada, él lo hacía todo.
Su lengua humedeció mis labios, y mis ojos se fueron cerrando mientras sentía como su lengua se introducía en mi boca. Era una boca experta, supo agarrar mi lengua e invitarla a gozar con la suya. Acercó sus labios a mi oreja y me susurró: -Te gusta? Y sin poder imaginar otra cosa, simplemente le respondí: Me encanta.

-A dónde me llevas? le pregunté. Logré tener un momento de lucidez. Yo tendría que estar yendo a estudiar. Él simplemente me contestó que estaría de regreso en mi casa exactamente a la hora que llego todos los días. Agregó sonriéndome que no me preocupara por los estudios de ese día. En realidad, me dijo, hoy aprenderás más que todos los días de tu vida.

En pocos minutos llegamos al destino. Se detuvo en el estacionamiento de un edificio. Ahí vivía.


-Tenés miedo? me preguntó.

Un poco, le dije.

Sabes que no voy a hacerte daño, verdad?

Creo que lo sé. (lo miraba y era simplemente hermoso!).

-Querés que te lleve al colegio y no te "moleste" más?

No supe qué contestar. Me estaba dando la oportunidad de huir de toda esta situación. Claro que tenía miedo y estaba muy nervioso. Tenía yo apenas 16 años y él le calculaba tendría 35 o más.

No sé, le dije finalmente.

-Cómo no sabés? Humedeció un dedo suyo en su boca y luego lo acercó a mis labios. Mis labios instintivamente lo recibieron.

-No sabés? Volvió a preguntar.

-Querés que todo se termine acá?

Me moría por decirle que no, que quería estar con él. Pero por el otro lado sabía que estaba dando un paso sin retorno. Y si bien me excitaba la idea, me daba pánico.

No sé, volví a decirle.

Tomó mi mano izquierda y la llevó a su entrepierna. Mis dedos pudieron sentir la dureza de su verga. Era la primera vez en mi vida que tocaba una pija que no fuera la mía. Por supuesto que con el pantalón no me permitía sentir mucho, pero podía darme cuenta del tamaño, y también grosor, y del estado de excitación en el que estaba Alberto.

¿Decidís vos o decide ella (refiriéndose a su verga)?

Me quedo, le dije finalmente y una sonrisa de triunfo asomó en sus labios. Una sonrisa excitante y muy varonil, que me enloqueció verle.

Sacó mi mano de su entrepierna. Me dijo que bajara el calzón que me había dado y que bajara del auto. Nos dirigimos juntos, en silencio, hacia el ascensor. Me dijo al oído que actuara con total normalidad. Pasamos al lado de un par de ancianos y entramos al ascensor. Al cerrarse las puertas, puso su mano derecha en mis nalgas y me dijo: me vuelve loco tu culito.

Las puertas se volvieron a abrir y me condujo a su departamento. Abrió la puerta y entré al que sería desde ese momento el santuario del placer. Estaba en penumbras, algo de luz del día pasaba por entre las cortinas. La sala estaba elegantemente decorada, un tapete blanco de mucho pelo, sillones, muy bonito. Algo había en el ambiente que me agradaba. Rápidamente me di cuenta que era el aroma, "su aroma".

Alberto había logrado desarrollar en mí el olfato de una manera extraordinaria. Ahí percibí con claridad el olor a Alberto, a este hombre, a este macho que me excitaba cada vez más y más.

Y ahí estábamos. Sólo los dos. Uno frente al otro. Yo, sin animarme a hacer nada. Él estudiándome, mirándome. Quien sabe qué tenía en su mente hacer conmigo.

Quería chuparlo todo, desnudarlo, gozarlo. Pero él hacía todo con cuidado, con detenimiento, sin prisa, y yo, simplemente actuaba en base a lo que él dijera o hiciera.

Se sentó en un sillón y yo me quedé parado como a dos metros de él. Abrió sus piernas y apoyó su mano en su entrepierna, en aquel lugar que había disfrutado mi mano en su auto. Lo veía apretarse la verga por sobre el pantalón, mientras me miraba profundamente.

Desnudate, me ordenó. En pocos segundos estaba frente a él, sin mi camisa, sin mi pantalón, sin mis zapatos. Sólo, frente a él con mi slip azul oscuro. Él miraba cada movimiento mío, y su mano acariciaba su entrepierna, mientras mis ojos estaban fijos en él.

Su mirada se endureció. Te dije que te saqués la ropa! Entendí que me exigía sacarme el calzón. Lo hice, y me sentí realmente desnudo frente a él. Mi verga estaba totalmente dura, apuntándolo.

Vení! Acercate. Y al hacerlo, pasó su lengua por mi pecho rápidamente como degustándome. Me gusta tu sabor, me dijo... Te voy a comer todo, bebé. Y su lengua se dirigió a mi tetilla derecha, misma que reaccionó inmediatamente. Mis ojos se cerraron, mientras sentía a este hombre que me hacía vibrar. Mi mano se fue a mi verga, necesitaba acariciarla mientras él lamía mi pezón. Tenía una fuerte erección. La excitación era enorme.

En ese momento Alberto me separó de él. Tropecé y caí al tapete. Se levantó y me impidió levantarme. Mirarlo hacia arriba era muy impactante. Y a la vez... Era hermoso...


Te dije que no te tocaras la verga... y lo has hecho una vez más. Debes aprender a obedecer, bebé, si no tendremos problemas. Se agacho hacia mí y con su mano agarró mi pija. El sólo sentir el calor de su mano en mi verga hizo que casi que acabara en ese instante. Pero él comenzó a apretar la base de mi verga con fuerza.

-Te duele?, preguntó.

Un poco respondí.

Apretó aún más. La apretaba cada vez más y me miraba directo a los ojos. Me dolía. No estaba recibiendo placer en ese momento.

Repite, me dijo: mi verga es la única que gozará acá. No hay otra verga acá más que la mía.

Comencé a repetir palabra por palabra mientras el dolor se acrecentaba en mi verga, y para mi sorpresa, ella comenzó a disminuir de tamaño. En realidad, el dolor había provocado su efecto.

Soltó mi pene, pero éste ya no era lo que era hace unos minutos.

Tomó mi cabeza y la hundió en su entrepierna.

Decime qué querés, decímelo bebé.

Tu pija, le dije, tu verga, por favor.

Dejó mi cabeza y comenzó a abrir su cinturón. Yo lo miraba desde abajo. Era un hombre muy excitante. Abrió el cierre y con un suave movimiento de cinturas, dejó que el pantalón cayera al suelo. Tenía puesto un slip idéntico a los que me enviaba. El bulto de su verga era impresionante. Y mi nariz podía percibir su olorcito a bolas tan rico!

Finalmente, comenzó a bajar su slip y su carne se levantó grandiosa. La miraba yo desde abajo y se veía enorme. Se me hacía agua a la boca de sólo verla. Él se la acariciaba y me miraba dominantemente.

Tomó mi cabeza y me dijo con dureza: Esta es la única verga entre vos y yo. Repítelo. Lo hice y su verga, estuvo frente a mi rostro, gorda, gruesa, dura, caliente, palpitante, deseosa de que me rindiera ante ella.

Olela, sentíla e identificala, bebé. Me acerqué y efectivamente, era su olor, su aroma, ese olor a bolas de macho que tenía bien conocida mi nariz.

Aspiré profundamente, y me dejé llevar por los caminos del placer que sólo dos hombres saben darse mutuamente.

Es increíble lo que me había sucedido en apenas semanas. No podía creer que estuviera ahí, mirando una dura e imponente verga de un hombre que me excitaba tan solo mirarme y decirme unas palabras.

Al acercarme y oler su verga, tal como me lo había indicado Alberto, vi asomarse en la punta de ella una gota que brilló con la luz del cuarto. Él se dio cuenta que yo había visto esa gota, se sonrió como solo él sabe hacerlo, hermosa sonrisa, pasó un dedo por la punta de su pija y la tomó en él.

Levantate, me ordenó. De pie frente a él, comenzó a decirme que era el momento de comenzar a desarrollar mi gusto al semen, a la leche de un hombre.



Pondré esta gota en tus labios. Quiero que con tu lengua la disperses en tus labios y la saborees. Será el sabor más deseado por vos a partir de este momento. Tendrás sed de leche y esa sed nada la podrá satisfacer más que el néctar de tu hombre. Nunca estarás satisfecho. Siempre querrás más y sabrás cómo conseguirla.

Puso el dedo en mis labios e instintivamente los cerré, saboreando esa extraña gota y también la piel de su dedo. El sabor me resultó un tanto extraño, aunque no pude definirlo más porque en definitiva sólo había sido una pequeña gota.

Mi leche ya está en tu cuerpo, dijo Alberto con aire de supremacía sobre mi. Mi leche te irá convirtiendo en lo que yo deseo. No podrás evitarlo. Formo parte de tu ser...

Apretó levemente su carne y una gota más abundante asomó, repitiendo lo anterior, sólo que en esta oportunidad pude sentir mejor el sabor. No sé si me gustó, pero el solo ver el goce que le producía a Alberto verme saborearlo, vencía cualquier resistencia en mí. Y finalmente me gustó muchísimo.

Esto es solamente una muestra gratis, me dijo. Apenas una probadita, porque ya es momento de llenarte con fuerza y potencia de mi leche, no te parece?

Apoyó sus labios en los míos y penetró con su lengua mi boca. Otra vez me estaba besando y yo me derretía en sus brazos. "Me gusta el sabor que tiene mi leche en tu boca", me dijo. "Sabía que seríamos una buena combinación".

Su verga era admirable. Se mantenía enorme, tan dura que me fascinaba. No importaba si se distraía o platicaba algo. Todo el tiempo su dura carne se imponía. Sabía que esa verga y ese hombre harían en mi lo que quisieran. Por su parte, mi verga se mantenía quieta. Cuando intentaba crecer, dolía, por lo cual permaneció ausente.

Me tomó el rostro y mirándome con dureza me dijo: Ahora, vas a mamar mi verga. La quiero toda dentro de tu boca. Y no quiero niñerías, me entendés. Nada de grititos ni de arcadas. Toda tu vida quisiste tener una verga en tu boca y ya lo habrás soñado y deseado más de una vez, no es así?


"Escuchame bien, vas a chupar mi venga hasta que acabe en tu boca. Pero por ser hoy la primera vez, sólo mi primer chorro lo recibirás y tragarás, luego podrás sacar mi verga de tu boca y dejar que te riegue tu pecho con mi leche. Está claro?".


Sí, Alberto, todo lo que quieras.

Me arrojó al piso y nuevamente vi su deslumbrante verga. Acerqué mis labios hacia ella, y luego de percibir su olor una vez más, dejé que me vaya entrando lentamente. Él tenía razón, pero con su experiencia y mis ganas, las cosas iban bien. Su mano estaba en mi nuca. Presionaba suavemente, pero lentamente esa presión comenzó a aumentar y la rapidez en que su carne entraba en mi boca iba en aumento.

Mientras mamaba él me decía todo el tiempo cosas: "chupa bebé, dulce, chupa mi pija... siempre lo deseaste aunque no lo sabías. Necesitaba que lo supieras y no perdieras tiempo enredándote con esas tontas. Sos mío y sólo mío, saborea a tu macho, chupa mi verga, así disfrutá...

Apenas podía respirar, sentía que me ahogaba, pero mi calentura era tal que no podía dejar de chupar y chupar, hasta que el momento anunciado llego. Lo supe porque la presión en mi nuca se hizo más fuerte. Sentí los movimientos en su verga y una fuerte explosión de esperma entro por mi garganta, quedando parte en mi boca. Alberto sacó rápidamente su verga (tal como lo había dicho) y siguió disparando en mi pecho, que recibía más y más leche. De mi boca, salía parte de su esperma pero no lo dejé escapar. Me deleité con su leche y él se dio cuenta, y sonrió como sólo él sabe.

Con su mano desparramó su leche por todo mi pecho. Era mucha cantidad y estaba sorprendido de su poder. Y lo más impresionante: su verga que permanecía durísima como un mástil a pesar de lo que había sucedido. Me la pasó por mi boca y dijo: Limpiala. Yo aproveché y saboreé un poco más de su lechita.

"Agarra mi verga con tu mano", me ordenó. Siente su potencia, su dureza. Siente el poder que tiene sobre vos.

Y vaya si lo tenía... era impresionante.

De pronto, se desprendió con dureza de mi. Salió de la sala hacia su habitación y trajo de ahí su celular. Me lo dio y me dijo: Hablale a tu novia y dile que ya no seguirás la relación con ella. Inventale lo que quieras, pero acaba con ella ahora.

No podía creer que me estuviera diciendo eso. Me dio el celular y yo lo miraba atónito. Le dije que no me obligara a hacer eso, que yo la quería y no sé que más.

Acercó su verga a mi cuerpo y me dijo drásticamente: ella o mi verga. Elige.

No me hagas esto, por favor, le lloré.

Olela!, vamos!, sentíla!, me ordenó. Y al hacerlo, no tuve ninguna duda. Haría cualquier cosa por esa verga. Estaba totalmente sometido a ella y a este hombre.

Le hablé a mi novia. Le dije que me disculpara, pero que ya no sentía lo de antes. Ella se puso a llorar y me dijo que me había sentido distante el último tiempo. Su llanto me hizo mal y Alberto lo notó, porque me acercó su verga nuevamente para que viera su tamaño y la desee más y más.

Mi novia se convirtió en segundos en cuestión del pasado. Esa verga, sería mi presente y futuro.

Bien bebé, me dijo... es suficiente por hoy. Sé que quieres que te haga mío, pero eso no será hoy. -Sabés por qué?

No, no entiendo por qué, le respondí.


Por dos motivos: el primero es técnico. Tu culito es muy pequeñito. No está preparado para recibir a tu hombre. Hay que darle tiempo y cariño para el día en que entre dentro tuyo.

El segundo: para que un hombre te coja, debes desear ser cogido. Desearlo con desesperación. Sentir que es lo único que deseas en la vida. Y ese momento, aún no llega. Quiero que llegue el momento en que me pidas, que me ruegues, me supliques que te coja. Ese día llegará rápidamente, pero no es hoy.

Date vuelta, me dijo. Puso sus manos en mis nalgas y las tocó con lujuria. Parado detrás de mí me ofreció uno de sus dedos y me dijo que lo chupara. Yo lo hice, como si fuera su verga. El sabor de su carne me encantaba. Sacó el dedo de mi boca y lentamente lo fue haciendo entrar en mi culo.

Comencé a gemir de placer, pero también de dolor. Lo sacó y me dijo: tal como lo tenía previsto. Está muy pequeño, y mi verga, ya la has visto, necesita un culo más grande para ser recibida.

Esto lo arreglaremos muy pronto. Trajo un estuche de madera y en el cinco tubos negros de diferentes diámetros con una base. Tomó el más delgado y me dijo que lo iba a meter en mi culo. Sentí lo que hacía, y sentí como me iba rompiendo mi cuerpo. Me dolía, pero él no se detuvo. En pocos segundos sentí que todo el tubo estaba en mi interior.

Se detuvo: me miró y me dijo. Lo usarás dos días enteros. Solo te lo sacarás para cagar. El resto del tiempo debe estar bien dentro de tu culo. Incluso para dormir. Tu slip no dejará que se salga. Usá uno ajustado.

Mientras tanto, sólo desearás mi verga. Podrás pajearte por mí las veces que quieras. Pero no te podés lavar el pecho. Oíste? Ahí llevas mi esperma, mi leche, mi escencia, igual que en tu interior bebé.

Vestite, me ordenó. Por hoy es suficiente. Pero antes de irte, quiero que entres a ese cuarto y mires lo que hay en la pared. Me vestí y con gran curiosidad entré. No esperaba ver lo que ví.

En la pared había clavadas en un marco de corcho, cerca de 15 fotos mías. En algunas estaba solo, en otras con mi novia, en otras con mis amigos del colegio.


-Qué es esto? le dijo con un poco de miedo.

Esto significa que fuiste elegido para ser cogido por mí. Te deseo desde hace tiempo y trabajé para que esto se haga realidad. Ahora, deberás desearme tanto como yo a vos, para que te coja, para que te haga mío, para que no deseas nada más que mi verga en tu cuerpo, dentro tuyo. Entendés?

Otro beso suyo impidió que contestara mientras que su mano obligó que la mía fuera una vez más a su verga, que una vez más comprobé que seguía dura como el hierro.

Era hora de finalizar esta sesión. Me llevó a mi casa, mientras mi mano estuvo nuevamente sobre su pantalón. Se despidió de mí en el auto, delante de mi casa, dándome un beso impresionante de lengua. Yo tenía miedo que alguien me viera, pero él me dijo: no podrás ocultar esto mucho tiempo. Acordate: sos mío.... mío.... sólo mío. Pajeate y pensá en mí. Deseame cada vez más y cuando el deseo sea intenso y tu culo esté listo, búscame. Ya sabes donde encontrarme. Ahora bajate.

Bajé del carro y él se fue... intenso como siempre. Se que en unos días mas iré a buscarlo...

Al entrar a casa, rápidamente fui a mi pieza y ahí ya sentado en mi cama.. Agarré uno de los slips que me había dado, era uno blanco, y comencé a extenderlos. Me percaté de que tenía todavía manchas de residuos de orina por delante, además de que había dejado dos vellos púbicos. Lentamente llevé los calzoncillos a mi nariz, dando una fuerte y profunda olfateada. Oh! ese aroma a macho hacía que cerrara los ojos y me perdiera, después comencé a lamer la zona donde van el pito y los huevos y me sentía morir. Estuve oliendo y lamiendo su calzoncillo, hasta que mi excitación provocó que me estorbaran mi ropa. Gradualmente me despojé de mi ropa, hasta que estuve desnudo y ya acostado, tomaba los calzoncillos de mi macho y los pasaba por mi nariz. Como el pito ya lo tenía bien duro y parado, aparte de que me dolía, procedí a dar fin a la sesión de aquel día y acabé. Entre el aroma, mis pensamientos y la calentura de aquella ocasión.

Y mi calentura y mi deseo hacia Alberto fue aumentando día a día..

Hice lo que él me dijo, y a los cinco días ya ponía el más grande de los tubos que me dio..

En una tarde no aguanté más y fui a aquel edificio. Llamé por el portero. Me hizo pasar, subí hasta su depto. 

Abrió la puerta y no pude contenerme, porque lo abracé, y lo olí, aspiré ese aroma de mi macho que tanto me gustaba.

-Hola bebé. Estas listo para mi verga?

-Si, Le dije con ojos de deseo.

Él sonrió de nuevo, guau, como me puede esa sonrisa, es hermoso.

-Hoy estoy todo chivado, todavía no me bañé. Me dijo

-Mejor para mi, y se me notaba en la mirada que se me hacía agua a la boca.

Me agarró de la mano, me llevó a su habitación.. Ya ahí, puso sus manos sobre mis hombros y me arrinconó hasta la orilla de la cama. Quedé sentado en la orilla del colchón, cuando él se sacó su camisa. No le quitaba la vista de encima, quedé pasmado por la hermosura de macho al ver su torso peludo y panza al descubierto. De pronto me dijo: Entonces que. vas a querer? yo lo miré a la cara y le dije que si. Él estando de pie, se sacó el cinturón y se bajó sus pantalones, quedando solo en calzoncillos. Ya se le notaba su gran bulto.

Mirar su cuerpo así me dejó anonadado otra vez, entonces preguntó: Me vas a ayudar o querés que todo el trabajo lo haga yo? Puse mis dedos sobre el elástico del slip que llevaba puesto, pero en lugar de bajárselo pegué rápidamente mi cara contra su paquete. Respiré y respiré su aroma como desquiciado mientras frotaba mi cara contra su bulto. Él me dijo: Si. ya sé bebe que te vuelve loco mi olor, ya sabés de donde viene todo eso, el me apartó de su paquete y procedió a bajarse lentamente el calzoncillo. Cuando apenas le ví el pelo del pubis me calenté, pero me quemé por dentro al ver que su miembro rebotaba al ser liberado del slip.

Miré su verga recta, gruesa y sus bolas también grandes coloradas y peludas. Mi papá puso su mano sobre mi cabeza y dijo: "dame una buena chupada de pija que vos sabés dar bebé" Ya iba a meter su pija en mi boca, cuando vi que jaló su prepucio para atrás y me ordenó que la devorara. Comencé por tragármela toda y después chupaba de arriba a abajo, desde el pubis hasta la punta dentro de mi boca, saboreándola. Con mi boca podía sentir que su miembro se ponía más duro todavia, palpitaba bastante y sus venas se le marcaban más y más. Seguía las indicaciones que me diera, a veces me pedía más lengua, que le echara más saliva, en fin, todo lo que fuera necesario para complacer a mi hombre. Al cabo de unos minutos, podía oír que le arrancaba unos gemidos bestiales; Veía por el espejo que lo tenía con toda la cabeza atrás.

Despegó mi cabeza de su miembro y se acostó en mi cama, puso las manos detrás de la cabeza, abrió las piernas un poco y me dijo: "ahora mama mis huevos". lentamente me subí a la cama y cuando tuve sus bolas cerca de mi cara, metí ambas a mi boca. Las metía, las sacaba, chupaba una, luego la otra y daba lengüetadas a su escroto; Los pelos de sus partes me acariciaban la nariz y la frente, me acuerdo y me excito tanto. Además su olor fuerte a bolas, a macho, me inundaba todo. Cuando lo miraba a la cara tenía los ojos cerrados, a veces los tenía en blanco, cuando me miraba me decía: Qué me estas viendo? tu trabajo está allá!

Hubiera seguido saboreando más sus huevos, pero el me dijo que le volviera a chupar la verga; que esta vez se la dejara muy salivosa, porque me iba a hacer suyo. Desesperado intentaba dejarle la pija lo más baboso que se pudiera, más todo ese pre seminal que salía que no dejaba gota, la babeaba y babeaba hasta que me dijo que ya estaba bien lubricada. Me pidió que ahora me acostara boca arriba primero, me lamió bien dentro del culo; y después, me agarró y me dio vuelta, levantó mis piernas, separó mis nalgas y escupía de nuevo en mi culo. Acto seguido se colocó arriba de mi y descansó mis rodillas sobre sus hombros, yo me puse nervioso pero deseoso que viniera lo inevitable. Yo sentía como frotaba la cabeza de su verga alrededor de mi ano, cuando sentí que ya estaba tratando de penetrar le dije con voz entrecortada: Despacio papito. Y el solo me contestó: Ah si?. Acá quien manda soy yo bebé oíste?, y como si no le haya importado mi advertencia, comenzó a dejar ir su pija dentro de mi culo. Sentí un ardor primero e intenté zafarme pero ya era tarde. Él me dijo: bien no era que querías esto? Ahora te la aguantás! y seguía metiendo su virilidad en mi. Yo cerraba los ojos, fruncía la cara pero de goce, por fin era suyo.

Alberto me tenía muy bien sometido, dominado a su deseos y su verga. Él me avisó que ya la tenía toda adentro, que no me moviera para que mi culo se acostumbrara. Mi culo me dolía, ardía primero pero a los segundos sentía un placer inmenso, mi agujerito sabía que algo lo estaba invadiendo. Y sentía ganas de acabar sin tocarme pero me frené. Quería gozarlo.

Al ratito, comenzó con el vaivén; lo miré a la cara y sonreía como él sabe hacerlo, tomé mucho aire por la boca, aspiré su aroma que tanto me gustaba. Las sensaciones que sentía fueron un placer inmenso, podía ver como su pubis se alejaba y acercaba mientras su verga enorme se perdía en mi culo. Cuando lo vi a la cara de nuevo, la tenia colorada y además estaba transpirando mucho. Mi necesidad hacía pedirle que le me la metiera hasta el fondo, le decía: más, más, metémela toda papito! Él me contestaba: Te gusta bebé? te gusta mi verga? Es la verga de tu macho, la querés toda hasta adentro? eh? así es como la querés? yo no dejaba de gemir y de disfrutar a mi hombre tan hermoso que me hacía suyo por fin, en mis pelotas podía sentir su pelos púbicos y en mis nalgas podía sentir como golpeaban sus peludas bolas. Me estuvo dando así un buen rato, hasta que me dijo que ya iba a acabar; aceleró el ritmo, jadeaba más fuerte como un animal en celo gruñía, y de pronto cerro los ojos. Y pude sentir como toda su leche inundaba mis adentros y llenaba mi culito bien adentro. Me embestía profundamente y me decía: toda, toda la lechita para vos, sos mío bebé. Él tenía unos espasmos y me estaba cayendo su sudor en mi pecho, cuando no aguanté y acabé.

Cuando sacó su verga de mí, la sacudió y me dijo que se la limpiara. Y después de un rato largo su pija quedó flácida, lo cual me asombraba cuanta virilidad tenía ese hombre y así me dijo que de ahora en adelante iba a ser suyo siempre mi culito.





 






miércoles, 16 de septiembre de 2020

Rico oso barbón

 Todo pasó un día de verano, de esos que la ropa se te pega al cuerpo... Ahí estaba yo viajando en colectivo de regreso a casa, y lo vi a él; morocho, de piel blanca, barbudo, morrudo, bien grandote y algo panzón, hiper peludo; ya que tenía una musculosa y se le veían desde el cuello hasta los hombros, pobre chivaba con el calor que hacía ahí dentro.. Abrió la ventana se puso en contra la corriente y su perfume entre mezcla de sudor a macho y algún desodorante que ya no era efectivo. Debo reconocer que su olorcito a chivo me re calentó mal, se me palmó la pija un poco, e intenté tapar un poco con mi mochila. No sé si me vio, pero cruzamos miradas y sonrió e hizo un gesto que me sonó que quería preguntarme algo. Me saqué los auriculares y le pregunté.. Su voz era como ronca y bien varonil, me preguntó si me molestaba que haya abierto la ventana, le dije que no, al contrario.. Sonrió de nuevo y me quedé embobado, era hermoso ese oso.. Yo estaba en el primer asiento de la fila del lado del conductor... 
En un momento comenzó a llenarse de gente, y él se vino hacia mi lado, se paró al lado mio, y ahí aspiré profundo ese olorcito a macho, y a bolas que era un manjar, se me hacia agua a la boca... De vez en cuando notaba que me miraba.. Yo intenté no hacerlo pero quería.. Cruzaba miradas hacia sus piernas peludas, y sus pantalones cortos holgados que hacía notar su bulto. Y más me calentaba.. No sabía como hacer para que no me calentara.. Saco un chicle, y le pregunto así ya jugado la verdad si quería uno. Me dijo que si, y me agradeció.. Se me puso a hablar y lo miré directo a los ojos (wuuufff era de esos tipos que podrías enamorarte enseguida pensaba) me contó que justo había querido comprar unos antes de subir al cole... 
En un momento el colectivo hizo una frenada que casi tira a la mitad de los pasajeros, él como que se apoyó en mi hombro, no sé si sin querer para no caerse... Me pidió disculpas y le dije "todo bien"..
Me contó que ya en un rato bajaba, y me dijo: soy Mauro, bajando la voz, yo propio de mi timidez creo que me puse colorado jaja
- Querés tomar algo? te invito.. - Me dijo de repente...
- Si, dale, me encantaria..
- Así seguimos charlando.. 
Cuando se dirigió hacia las puertas del medio, y tocó el timbre, rápidamente lo seguí... Con mi corazón dando tumbos jaja
Cortó el hilo diciendo:
- Che, estas lindo guacho.. Te miraba desde que subí al bondi..
- Lo mismo digo, vos sos lindo! - y agregué - Te miré desde que abriste la ventana jaja - me reí medio de nervios... y él conmigo, como que me acompañó...
- Querés venir a casa? 
- Bueno dale.
- Así estamos más tranquis..
- Si, de una..
Nos detuvimos en un kiosko y compró una coca, yo agarré uno de pomelo... 
y entramos en un edificio casi al lado.
Ya dentro del ascensor me encajó un beso, metió lengua y recibí con gusto, su aliento me calentó.. Y sin querer casi, respiré ese perfume a macho que emanaba al abrazarlo y tocarlo mientras me besaba. Se me paró, y por su pantalón corto a él tambien jaja, ya que se le notaba más.. Me tocó la cola y apretó, y gruñó como un grrrr varonil que me encantó debo confesar...
Entramos al depto, nos besamos otro rato, y seguimos unos cuantos minutos tocándonos y oliéndonos a gusto.. Me abrazó y apretó fuerte.. Mientras metía lengua y saliva en mi boca que yo saboreaba...
Me besó el cuello, y suspiré, al notar que me gustó siguió... Mordisqueó un poco.. Me sacó la remera... Me chupó las tetillas, y mordisqueo suave.. Se sacó su remera, ya mirándome como comiéndome de deseo, y me agarró de la nuca y me atrajo hacia su pecho.. Yo aspiré ese olor a macho, y lamí, pasé lengua por su pecho, y tetillas, el gimió fuerte... Y fui yendo hacia sus axilas y chupé ese olor a macho fuerte y riquísimo que me calentaba, gimió más fuerte... 
- Veo que te gusta mi olor a chivo jaja - Se rió y yo le dije un si como suspirando... 
- Olfateame todo papá - Asi me dijo y yo seguí lamiendo, chupando, y oliendo ese sabor de ese macho.. 
En un momento sus manos me iban bajando, y yo me dejé llevar, pasé lengua por su ombligo
 ( woof! que saborcito tenía aquel macho!! )  
Bajé chupeteando, hasta llegar a sus pantalones, ahí suspiré, y aspiré ese olor a bolas fuerte debo decir, y excitante que me re calentaba. Creo que nunca lo voy a olvidar.. Se bajó los shorts.. Y llevaba unos boxer algo mojados, color blanco que se notaban algo viejos, y me encantaron.. Olí fuerte ese perfume como queriendo grabarlo como mi cabeza.. Y se notaba un bulto grande a pesar que el boxer no ajustaba mucho...
Se los bajó y saltó una verga bastante gruesa, rojiza en su glande todo mojadito de pre seminal.. No espere mucho y pasé la lengua, el gimió fuerte!
- Así bebote chupásela a papu - Eso dijo y yo la saboreé, tenía algo de quesito pero no me importó y lo tragué aún así, también algo olor a meo, y el pre seminal que no paraba de salir, un gusto riquísimo de macho, me encantó.. No sé como la tragué y llegó a tocar mi garganta, eso que era bien gruesa y cabezona.. Y pensé que lo había hecho acabar porque gimió con un gruñido fuerte, y salió líquido... Paré, y le pregunté y me dijo que no que él aveces larga mucho pre seminal de golpe. Yo suspiré y la volví a meter a mi boca... 
No se cuanto minutos se la chupé... Pero en un momento me dijo:
- Vení bebote.. Que bien se la chupaste a papi - Me dijo con cara de libido extremo.
Yo suspiré. y me dijo:
- Ahora papu te quiere coger bebote. - Me dijo mordiéndose el labio y dándome un beso. Me agarró y me alzó no sé como, tenía una fuerza, me agarró con una mano por la cintura y la otra en la cola. Me llevó a su habitación, ahí habia una cama de dos plazas grande casi me tiró panza arriba, me sacó los pantalones cortos que tenía, y el boxer rojo de un tirón. Fue directo a mi cola y pasó la lengua, y metió bien adentro, wow casi sentí que moría de placer. Luego de unos minutos chupando, y metiendo lengua por mis bolas y mi orto, escupió mi raja, y largó otro escupitajo en su pija e intentó meterla.. Lo hizo sin parar, despacio, entro a la mitad y la sacó diciendo:
- Que lindo orto bebote, ahora es mío! te lo voy a llenar de lechita vas a sentir - y suspiró.
Volvió a meterla, esta vez con todo, y de golpe tenía ese grosor dentro mio, sentía como que estaba rompiéndome el culo pero me encantaba ser suyo.. Se quedó un rato quieto, y bajó hasta besarme tirándose así sobre mi, y yo abrí las piernas y como que lo abracé con ellas.
Y mientras me besaba hacia el movimiento mete-saca tan gustoso que me daba un placer enorme.. Y sentia mi culo húmedo por su saliva y jugos de su verga ( wuuuuffff me encantó ).
Metia cada vez con un ritmo más rápido, y bajaba el ritmo y así sucesivamente... Yo me sentía en la gloria.. 
Gemía y le decía que era todo suyo.. y me respondía "ahora sos mio bebote!" con su voz tan masculina..
En un momento aceleró con todo y gruño bien fuerte. Y sentí como largaba un chorro de leche dentro de mi culo. y luego otro, y otro.. Me pareció que acabó un montón.. 
y siguió bombeando mi orto hasta que se tiró encima mio de nuevo.  y sentí como su pija salía, me pareció sentir que parte de su leche también..
- Me encantó bebote, quedate y comemos juntos hoy. - Eso me dijo y lo besé otra vez.




viernes, 15 de mayo de 2020

Camionero lechero

Después de estar viajando durante varias horas sentí la necesidad de aliviar la carga de mi vejiga, de manera que en la primera estación de servicio que apareció en la ruta decidí bajar. Aunque mi parada iba a ser breve pensaba que prefería esperar en la sombra si pasaba de tener que pagar otra vez el pasaje si perdía el ómnibus, necesitaba mear imperiosamente. Y con esa idea recorrí con la mirada unos metros hasta un grupo de árboles junto a un camión. Miré curioso a ver el enorme camión, y vi que su ocupante no estaba al parecer. Quería saber que tal era ese camionero.
Antes de bajarse se me ocurrió que también podía comprarme algo para comer, y mientras buscaba la billetera vio pasar frente a él al conductor del camión. Era un tipo maduro, de unos treinta y cinco años, de estatura media, con cuerpazo y grandote, con una panza dura por lo que se veía. Tenía el cabello y los ojos oscuros, barba de un par de días bastante revuelta, y vestía unos jeans gastado y una remera con las mangas bien cortas que dejaban ver unos lindos brazos. (Baba)
Observó por unos segundos al hombre mientras se alejaba, un poco atraído por la masculinidad que irradiaba el tipo y otro poco motivado por mis propias fantasías (como las de muchos) sobre los mitos relacionados con los camioneros. Después sonrió, sintiéndome un tanto ridículo ante esos morbosos pensamientos, y terminando de recoger la plata de la mochila poniéndola en el bolsillo para tenerla a mano. El hecho de ponerme de pie sumado a la leve erección provocada por mis pensamientos morbosos acerca del camionero aumentaron la presión en mi vejiga, y eso me recordó dolorosamente el principal motivo de mi parada. Entonces me encaminé con paso firme hacia el baño, ubicado a un costado del local de comida de la estación.

Entré al sanitario, y me encontré con dos privados con inodoro y una fila con tres mingitorios. Los compartimentos se veían ocupados, uno con la puerta cerrada y otro con un hombre orinando con la puerta abierta. Y de los tres mingitorios, sólo estaba libre el del medio. En un extremo había un señor mayor, y en el otro estaba el camionero que había visto pasar momentos antes. Obviamente, no tenía más opción que ocupar el lugar del medio... y así fue. Me desabroché el cierre, saqué mi pija y comencé a mear, y el placer de alivianar la dolorida vejiga me causó una satisfacción tan grande que por unos instantes cerré los ojos y me olvidé de todo. Fueron unos segundos, nada más. Porque cuando los abrí de nuevo, inconscientemente los desvié hacia la verga del camionero... y ya no pude sacarlos de ahí.
Evidentemente el tipo recién había terminado de mear, porque con movimientos suaves sacudía su miembro. Noté que aunque la mano del hombre tenía un tamaño normal, la cabeza del falo sobresalía unos cuantos centímetros de los dedos doblados que sostenían el tronco. La masa del apéndice viril se veía gruesa, palpitante, y el contorno de la cabeza casi triangular se dibujaba nítidamente debajo de la piel. Gruesas venas recorrían el mástil a lo largo, y un manojo oscuro de vellos púbicos sobresalían por el cierre del pantalón.

Sin duda, era una verga absolutamente deseable (Baba se me hacía a la boca)

Temiendo generar alguna sospecha en el camionero, sólo echaba miradas furtivas a la tentadora pija del tipo. Tampoco quería llamar la atención de los otros hombres, ganándome el rótulo tácito de "el puto que fisgonea en los baños". 
Pero entonces noté (que machazo ufff!) que el camionero había cambiado la posición de la mano, y que con movimientos más suaves y lentos había comenzado a masajearse la verga. Sus dedos jugaban con el extremo subiendo y bajando la piel del glande para cubrir y descubrir la cabeza, alzando el tronco levemente hacia arriba cada tanto.
Tragué saliva. Era evidente que el hombre me estaba ofreciendo un espectáculo, porque aunque mantenía la vista fija en su verga sonreía, como demostrando plena conciencia de la mirada deseosa de su vecino de mingitorio.

Algo nervioso, me di cuenta que su verga había empezado a endurecerse, y ensancharse estimulada por la incitante demostración a la que estaba asistiendo. Mi corazón palpitaba más rápido, y el temor de quedar en evidencia me hacía sudar. Pero mis ojos no podían desviarse de esa tranca de aquel macho que se iba poniendo cada vez más dura, y mis pies se negaban a dar un paso para alejarme de ahí. Y mientras tanto, aprovechando la ausencia de gente en el baño, el camionero proseguía con total desfachatez su show exhibicionista.
Cada tanto deslizaba su mano hasta la base de la verga sacando y frotándose el juguito que salía de ella mientras la sacudía suavemente, como ofreciéndola a mis anhelantes ojos de espectador. Y en un momento dado descubrió por completo la cabeza de la pija y con una increíble precisión dejó caer un espeso chorro de saliva sobre el glande. Después comenzó a pajearse nuevamente, extendiendo la baba por toda la cabeza hasta dejarla brillante y satinada. 
(Agua a la boca)
Como nunca antes, sentí que estaba al borde del orgasmo con la respiración algo agitada, y tuve que hacer grandes esfuerzos para no estirar la mano y apoderarme de ese garrote enorme, de esa vergota que ahora se sacudía desde la raíz de tan dura que estaba. Pero mi agonía no duró mucho más, porque de repente él se guardó su endurecida verga, se subió el cierre del jean y se apartó del vigitorio.

Aún parado junto a mi el camionero se acarició la entrepierna, como acomodando la verga que se abultaba notoriamente, y sin dedicarme ni una mirada salió del baño.

Sintiéndome estúpido, con una dolorosa frustración latiendo en los huevos, Noté como mi verga comenzaba a ablandarse ante el desenlace de la situación. Con desencanto comprendí que el tipo no era más que un exhibicionista, alguien que disfrutaba haciendo desear a los putos con su apetecible verga, pero sin llegar a nada más.

Con decepción esperé unos segundos más, guardé mi miembro, me acomodó la ropa y salí. Había perdido las ganas de comer, y el ómnibus, algo fastidiado caminé hacia la parada para esperar el siguiente y largarme de ahí. Pero al acercarme vi que el camionero estaba en la cabina del camión, con la puerta del lado del conductor cerrada y la del otro lado abierta.

Apuré inconscientemente el paso. Llegué junto a su vehículo y sin poder contenerme, con una mezcla de bronca y deseo, miré hacia el interior del camión. Parecía que era justo lo que el camionero estaba esperando, porque entonces apartó un suéter que estaba sobre su regazo hacia el asiento... y así pude ver que el tipo tenía la verga totalmente fuera del pantalón.

El miembro estaba duro, crecido, mucho más que en el baño. Con movimientos lentos el hombre acariciaba el grueso tronco, y cada tanto le daba suaves apretones que aumentaban el tamaño de la cabeza, y salían su pre seminal notoriamente (se me hacía agua a la boca ufffff) y la ponía de un intenso color morado lo mismo que hacía resaltar el surco de venas del choto que lo hacía ver más poderoso y apetecible.

Como hipnotizado, me acerqué lentamente al camión, me paré junto a la puerta abierta, y me quedé contemplando el nuevo espectáculo que me estaba brindando aquel macho.

Al igual que antes, el tipo sonreía satisfecho de su éxito, orgulloso por la dedicada atención de la que era objeto su endurecido miembro. Pero está vez hubo un cambio. Porque esta vez el hombre me miró y me hizo un leve movimiento de cabeza, como alentándolo a subir al vehículo.

Como invitándome a comerle la verga, meneandola para antojármela más.

Y no dudé ni por un instante. Casi de un salto trepé en la cabina, cerré la puerta, y con ansias apenas contenida llevé mi babeante boca a esa masa de carne palpitante, y la engullí. Me recibió un sabor fuerte, a meo, y olor a macho fuerte, chivado, casi conocido, que invadió mis fosas nasales excitándome más de lo que estaba.

Dominado por el deseo, entrecerré los ojos y comencé a recorrer con sus labios ese falo enorme, sintiendo en la lengua las rugosidades de las latientes venas. Con gozo y placer me dediqué a saborear la babosa mezcla que rezumaba la cabeza, a jugar con la piel del prepucio y a mordisquear con suavidad el tronco con mis labios, sintiendo como la verga de aquel macho se ponía cada vez más dura e hinchada.

"Uhhh!! Sí! putito, así, chupame bien la verga!!".

Cada tanto, el camionero me ponía la mano en la nuca y me hacía que me la tragara hasta la raíz, obligándome a permanecer así por varios segundos. Entonces sentía como la cabeza del vergón rozaba mi garganta, provocándome arcadas que contenía casi con lágrimas en los ojos.

Durante unos cuantos minutos continué afanándome en la húmeda labor sobre esa golosina de carne y sudor de macho que ocupaba por completo mi boca y tocaba garganta. De vez en cuando llevaba mi mirada hacia el rostro del camionero, y en cada ocasión me encontraba con una mueca de placer y una sonrisa morbosa del tipo que me hacían sentir terriblemente puto. Pero no me importaba. Al contrario, me sentía en la gloria entregado a los deseos de un verdadero hombre, sometido a la voluntad de un auténtico macho que lo estaba cogiendo por la boca casi sin decir palabra. Y eso me excitaba terriblemente.

Pasaron varios minutos que saboree esa verga hasta que por fin, el masaje bucal llevó al silencioso camionero al clímax, y los latidos en el miembro del tipo anunciaron su inminente acabada. Intenté interrumpir la mamada pero mi cogedor me lo impidió, y tomándome fuertemente de la nuca me retuvo casi violándome, dejándole la verga dentro de la boca.

"Shh!! Quietito ahí, que quiero que te tragues toda mi leche!!".

Y casi al instante, la durísima verga empezó a escupir chorros de leche espesa y caliente, arrancándole gemidos sofocados pero sonoros a su dueño. Parecía que el tipo sabía muy bien lo que hacía, porque había puesto su verga a la distancia justa para que los trallazos dieran directo en mi garganta o cayeran en mi lengua.

Sentí como el líquido ardiente inundaba mi boca, impregnando con su intenso sabor todas mis papilas gustativas. Con cada descarga gemía, sumando los quejidos de gozo a los del camionero. Mi propia verga latía furiosamente hasta que en un momento dado ya no pude contenerme más, y mientras la verga incrustada en mi boca seguía derramando semen acabé sin tocarme, sintiendo como ensuciaba mi ropa interior hasta los huevos.

Cuando por fin la feroz tranca dio el último estertor el camionero comenzó a sacarla lentamente de mi boca, como para dejar que disfrutase un poco más de su miembro. Mis labios apretaban ese mástil aún duro a medida que salía de mis fauces, como tratando de retenerlo en mi interior un poco más, así saboreandolo más, haciendo que mi cogedor sonriera complacido nuevamente.

Por fin, toda su verga estuvo fuera de mi boca. Sintiendo como aún el espeso jugo escurría por mi garganta todavía me di el tiempo de pasármela por la cara y olfatear bien ese sabor a macho en un acto de total morbo, así fue que me acomodé la ropa e intenté bajar del camión. Entonces el camionero me guiñó un ojo, y me dijo quedate un poco más, te llevo si querés, encendió el motor, y luego maniobró el enorme camión saliendo para la ruta.

Minutos después, se dio cuenta que iba a venir un segundo round de aquella historia y que el camionero quería más.

Porque la ruta era larga, y el camionero se le veía con ganas de hacer otra parada en el camino para descargar otra vez más su lechita en mi.

Y así fue...



lunes, 27 de abril de 2020

Fantasía con un camionero cumplida

Vivo en una localidad donde todos o casi todos se conocen. Siempre me he sentido atraído por los hombres maduros y si son gordos y velludos mucho mejor. Sucedió entonces que trabajando yo en un organismo del estado, sentía muchas veces a otros compañeros comentar de otras personas cuando salían de marcha por los prostíbulos. El comentario que hizo uno de los compañeros de un hombre casado, propietario de un camión, me dejó muy caliente y con unos deseos y ganas enormes de poder conocerlo, ya que lo que dijo era que no lo dejaban entrar al antro aquel por el tamaño de su pija; además cumplía todos los requisitos que a mi me gustaban de un hombre: gordo, peludo, con barba y maduro. uffff ! agua a la boca se me hacía!

Yo tenía en ese entonces 22 años y él 39, siempre que tenía ocasión lo miraba, ya sea cuando pasaba con el camión o en una cancha por acá jugando al fútbol, con unos pantalones deportivos que me hacían imaginar lo que habría debajo de ellos y le marcaban tremendo paquete. En una oportunidad me lo crucé andando, pero ni bola me dio, entonces nunca hubiese imaginado lo que sucedería después, ya que pensaba que le gustaba hacerlo con mujeres únicamente. Una noche de verano, estaba sólo en casa, mi vieja no estaba; hacía mucha calor y era tarde, cerca de la medianoche, decidí sentarme fuera a tomar un poco de aire fresco de la noche, cuando en cierto momento pasa con su camión el hombre de mis sueños, pasó frente a mi y noté que me miraba, siguió y me levanté de mi asiento, al llegar a la esquina dobló y yo me quedé mirándolo, pensé "éste ya no regresa", pero para mi sorpresa, dio toda la vuelta a la manzana y al llegar a la esquina de la calle donde yo vivía dobló nuevamente, ésta vez hacia arriba y continuo su marcha. Yo me quedé parado en la esquina pensando, "¿Para qué hizo esto si ahora se marcha?", pero en realidad no se marchó, al cruzar la otra calle, detuvo su camión. No me esperaba esta decisión de él y sin pensarlo más, salí a su encuentro y pensaba; "No puedo perderme esta oportunidad!". Me fui acercando hacia donde había estacionado el camión y ya cuando estaba junto a la puerta me dice "Hola, Querés subir a dar una vuelta?" a lo que enseguida dije que sí, no me lo podía creer; subí al camión y le dije si quería venir a mi casa que estaba solo, me dijo que no, que iríamos a una casa que él tenía por ahí cerca. Yo estaba en la gloria, tenía una gran excitación y un gran nerviosismo porque no sabía en que terminaría todo esto y a lo que me enfrentaría con el tremendo macho que me estaba levantando. Hicimos algunos kilómetros y por fin llegamos a una casa, no muy cuidada pero que tenía lo necesario para cojer, una buena cama al parecer. Yo no dejaba de pensar si el comentario que habían hecho de él en el trabajo sería verdad, y ahora podría comprobarlo; los dos nos tendimos en la cama; como hacía calor no era mucha la ropa que llevábamos, él se sacó la remera y quedó al descubierto su hermoso cuerpo bien peludo con una hermosa barriga, yo comencé a acariciarle las tetillas y pasar mi mano por sus pelos, él paso su brazo por mi cuerpo y comenzó a acariciarme las nalgas buscando mi agujero con sus dedos y haciendo caricias en él, yo comencé a bajar mi mano hasta su entrepierna. Vaya, lo que me habían contado era verdad, tenía una hermosa pija, de unos 21 cm seguro o más! y bien gruesa también; él, no se si porque le gustaría pensar que estaba con una mujer y no con un hombre, apagó la luz de la habitación y se desnudó por completo, a lo que yo hice lo mismo, traté de buscar su boca para besarle pero eso no le gustó, típico del macho, así que bajé con mi boca y mi lengua recorriendo todo su cuerpo, pasé por sus tetilla, por su ombligo lamiéndolos bien y cuando llegaba a su pijón me desvié y seguí por una pierna hasta sus pies. Chupándoselos, él gemía de placer. Estaban sudados con olor a pata de un día de trabajo y el calor de ese día ufff eran riquísimos. Todos ese olor a macho que emanaba me calentaba aún más!Subí por la otra pierna chupando y saboreando su piel, con la mano agarraba su pija mientras besaba sus huevos que también tenían un hermoso tamaño, y un olorcito a macho que me encantaba! hasta que por fin comencé a mamársela; debido al tamaño no podía meterla en mi boca sino hasta un poco más de la mitad y él se retorcía de placer, pero bajé mi cabeza y la metí hasta mi garganta, ufff que placer le dí! y sentí yo de degustar esa pija gruesa y emanando líquido pre seminal a borbotones.. En un momento me dijo "No sigas chupándola que no quiero acabar todavía en tu boca, quiero cojerte putita", debo aclararles que éste relato es real y que fue hace unos 29 años, y que me cogió sin preservativo, cosa que me encantó. Me da placer y morbo sentirla a pelo! Más así siendo tan jugosa largado su líquido! (se me hace agua a la boca al recordarlo)Cuando me dijo esto mi corazón casi salta, no sabía que sucedería, si aguantaría esa enorme chota dentro mío y decidí relajarme y dejar que todo sucediera como salga. Me puse de costado y él se puso detrás de mí, me ensalivé el culo y él hizo lo mismo con su verga, se acercó a mi agujerito aún virgen y comenzó a empujarla hacia dentro, me dolía bastante pero estaba dispuesto a aguantar con tal de recibir al macho que tanto había deseado hace tanto tiempo, sintiendo que me dolía entonces me dice "Falta más de la mitad, espera creo que tengo un poco de vaselina", se levantó bruscamente sacándola y entonces le dije que no enseguida, que quería sentirlo así, que era suyo. Se volvió a colocar detrás, volvió a empujar su pija, pero esta vez puso más saliva, y debido a la lubricación de su pija y la saliva, entró toda. A él, el poder meter su verga dentro mío, parece que lo enloqueció, sin sacarla me colocó boca abajo, me abrió los cantos y la enterró hasta el fondo, yo me quejaba pero esto a él parecía que le gustaba y entrando y saliendo me decía al oído "Pensaba que no me la aguantarías putita", y siguió cojiéndome como loco diciendo cosas como "come pija putito", " te estoy haciendo mía putita" hasta que al poco me dice "Ahí tenés la lechita de tu macho" y parecía que la metía hasta lo más profundo de mi ser mientras se acababa dentro de mi. Hizo un gesto como para salir de dentro de mí y yo sujeté con mis manos sus piernas y lo hice meterse nuevamente dentro, esto parece que le gustó y sin sacar su pija, que no se había bajado para nada, seguía tan dura como al principio, me dio vuelta, me puso boca arriba, me agarró las piernas poniéndolas en sus hombros y nuevamente comenzó a bombearme fuertemente y sin piedad con una cara de gozo que me volvía loco, sus hermosos huevones golpeaban contra mi culo en cada embestida, yo me pajeaba un poco y estaba a punto de acabar del placer que me daba pero mi macho me dijo que no me acabara, que esperara, que tenía más para mí, así siguió entrando y saliendo en esa posición que no dejaba nada fuera, hasta que volvió a decirme "Tomá, tu macho te está dando leche de nuevo, sentí como te hago mío putito". Esta vez si se salió de dentro, pero su verga seguía bien dura, no podía creer cuanto libido tenía ese pedazo de hombre que me estaba comiendo, me dijo que me pusiera al borde de la cama que quería seguir cojíendome; él de pie detrás de mi, acercó su glande a mi hoyo latiendo y rojo de embestidas con leche escurriendo y empujó. Volvió a meterme ese hermoso pedazo que tenía hasta el fondo, esta vez sin problemas ya que mi culo estaba dilatado y lubricado con el semen de las 2 veces que acabó antes; me tenía agarrado de la cintura y se deslizaba hasta agarrar mis tetillas, sacaba casi toda su pija y volvía a entrar de un golpe, era un movimiento que me enloquecía, y me hacía vibrar porque sentía cada centímetro de su pedazo de verga. Su mete y saca se hacía cada vez más fuerte y otra vez me dijo "¿Te gusta lo que te hace tu macho?, te voy a descargar la leche otra vez para que no te olvides de mí". Me apretó muy fuerte y empujó con todas sus fuerzas, su pija dentro mío y volvió a descargar su semen dentro de mí, fue algo increíble, 3 veces se acabó y me imagino que si hubiese pasado toda una noche con él lo hubiese hecho otras tantas. Lamentablemente todo terminó ahí, fue una noche increíble, estar con el macho que tanto quería que me cogiera y que había vaciado 3 veces su leche dentro mío, fue toda una gloria, nos lavamos, nos vestimos y me trajo a casa, lo volví a ver unas cuantas veces, pero nunca más me dijo nada... Me gustaría estar con un macho como él nuevamente... Si alguno leyendo esto que me escriba a cositosito5@gmail.com y arreglamos algo en tu camión


lunes, 23 de marzo de 2020

El Mecánico Sudoroso

Esto me sucedió cuando tenía 24 años y vivía en el barrio de Paternal por Capital. Durante ese año me había desplazado diariamente por el barrio pero nunca me había pasado nada extraordinario como aquel día.
Estaba en la tercera semana de marzo, hacia mucho calor todavía, era martes y ese día salí de casa con destino incierto caminando en dirección al super que está cerca de la estación de Paternal. En un momento creo que me perdí porque estaba frente a varios talleres mecánicos, y lugares que vendía repuestos para autos y cosas así. Quiso la suerte que en la salida que elegí preguntar en uno, así que me encaminé al interior, donde un hombre maduro de unos 40 y tantos, grueso, morrudo y con una pancita tentadora, de piel blanca, como de mi altura, con el pelo negro no tan abundante, que se llamaba Jorge y justo era el dueño del taller se apresuró a dejar el coche que tenía entre manos e intentar resolver mi problema, y responderme. Pero tras echar un vistazo me dijo no sabía bien como explicarme donde debía retomar para ir al super pero si lo esperaba el iba y se ofreció a llevarme. A todo esto me pareció demasiado amable, y dentro mio tentador, que mi pija casi se para cuando lo escuchó..
Así que durante ese tiempo que restaban me dedique a mirar como trabajaba Jorge en aquel auto. Durante todo ese tiempo no hice mas que mirar al maduro mecánico, que sudaba muchísimo mientras trabajaba. Con todo el disimulo que podía miraba como su sucia camisa, empapada en sudor, marcaba la forma de sus pechos, pezones y panza peluda por lo que pude observar.

Los pantalones jeans que llevaba eran mas bien justos, marcando un culo bien redondo y enorme, y un bulto también grande entre las piernas que me pareció muy bien formado. Pero lo que más me excitaba era verlo cuando tenia que ajustarse: la camisa que se le salía, las carnes se le marcaban woof! . Estaba en la gloria viéndolo, era un hombre precioso, con esa barbita de algunos diás, osote y todo peludo. De vez en cuando los pantalones se le estiraban tanto que dejaba ver la parte superior del culo, donde una mata de pelo negro se escapaba furtivamente.
Aunque el tiempo pasaba rápido, mientras hablaba de cosas comunes con el osote, llegó un momento en que no pude más, se me había parado la pija mal! y le pregunte donde estaba el baño. Allí me encamine al mingitorio de pared que había justo al lado del lavado, saque la pija y comencé a hacerme una paja. Cuando apenas estaba haciéndolo oí el ruido de la puerta. Me pegué todo lo que pude al mingitorio para que no vea mi pija parada y mis manos con el pre seminal que salía, y miré para verlo, que me saludó.

Había entrado a lavarse las manos y mientras lo hacía me dijo que ya le quedaba poco de trabajo para llevarme. Yo debí ponerme como un tomate de vergüenza y rezaba para que no se diera cuenta de lo que me pasaba, así que me subí el cierre del jean e hice como si hubiera acabado de mear intentando esconder. Él después de lavarse las manos, se dirigió al mingitorio que yo acababa de dejar. Mientras yo me lavaba las manos todo lo rápido que podía no pude evitar lanzar una miradita descuidada al oír el ruido de su meada, y pude ver que estaba ligeramente separado de la pared, pudiendo ver por un segundo un trocito de su glande. Salí del baño y el resto del tiempo intenté no mirarlo tanto pero me era imposible. Era precioso ese hombre.
Al fin, él me dijo que lo esperase en su oficina que ya cerraba el local y nos íbamos. Allí me encontré en un despachito todo revuelto de papeles. Me senté en la silla frente al escritorio y esperé.
Jorge vino a los tres minutos. Saludó y se dirigió detrás del escritorio. Mientras me hablaba de cosas banales mi mente se perdió, porque al tiempo que hablaba y como el que no quiere la cosa él se estaba desabrochando la camisa y secándose el pecho y las axilas con una pequeña toalla. Así pude ver aquel pecho con pelo negro, sus tetas que eran grandes sin llegar a ser obesas y su vientre prominente todo peludo. Fue una gloria. Y siguiendo con su limpieza, se desabrocho el botón del jeans y bajó un poco el cierre, y levantando un poco la parte del calzoncillo blanco con figuritas que llevaba, se metió la toalla para secar el sudor de su entrepierna, así pude ver durante un segundo otra vez su glande. Woof!

Esta vez pude verlo mejor: tenía la piel un poco separada, era de color carne apagado y no parecía ser muy grande, mas bien al contrario, parecía tener una pija corta pero gruesa. Yo estaba en el limbo, debí quedarme de piedra y cuando reaccioné fue para apartar la vista con otro ataque de vergüenza. En ese momento solo me hizo volver a la realidad el momento en que Jorge, mientras se volvía a abrochar acabando así de arreglarse me dijo que no le iba a salir barato que me llevará. Y yo saltando le grité casi "Como?!".Entonces le dije que si es un precio excesivo para mi economía prefería irme. Jorge entonces me dijo "Bueno, veamos lo que podemos hacer", me respondió, y se dirigió a un armario a mis espaldas. Yo miraba los papeles sobre la mesa y lo oía tras de mí trasteando con un archivador. Cuando regresó me dijo: "Creo que podré hacerte el favor, pero me tienes que hacer otro". En ese momento se me vino el mundo encima, en que me había metido me pregunté. Estaba terriblemente nervioso, así que solo pude responder de manera automática e instintiva, con la voz ahogada: "Que sería?".
Él sonrió, se puso de pie a mi lado e incrédulo pude ver como volvía a desabrocharse el pantalón, bajarse el boxer aquel blanco y dejar fuera aquella pija pequeña y bastante gruesa, envuelta en una mata de pelo negro enorme y rizado, y unos huevos redondos y enormes en la comparación. La acercó hasta mi boca. En ese momento me asaltó un olor a sudor y bolas de macho increíble, y de repente todos mis tabús desaparecieron y dejé correr mis instintos. Agarré su pija y comencé a chuparla como tantas veces me imaginaba en sueños, moviéndola dentro de mi boca entera, restregándola por todos lados con mi lengua, llenándola de saliva, masajeándola dentro y fuera con la lengua, tragándomela entera hasta sus huevos y su pelo púbico, intentando meter la mayor parte de todo ello en mi boca.La saliva era tan abundante que se me escapaba de la boca conforme su pija iba creciendo de manera lenta. La saque y comencé a masajearla mirándola, intentando aprenderme de memoria todos sus detalles, y de manera salvaje acabé le bajé los pantalones hasta el suelo, llevando mis manos a sus nalgas, que me sorprendieron porque eran enormes y para nada flácidas, sino duras. Con mi boca comencé a comerle todo desde su verga que ya estaba bien dura, hacia arriba, los pelos púbicos, el bajo vientre, el ombligo, y mis manos frotaban su culo con suaves masajes. Él me acariciaba el pelo con una mano y con la otra, desabrochándose su camisa se tocaba sus pezones.


Su pija ya había alcanzado una erección de unos 17 cm más o menos me pareció, había engordado, pude sentir como empezaba a emanar fluidos cuando me la volví a llevar a la boca, donde la encerré dándole más vueltas que una noria hasta que Jorge, al borde de acabar, me separó de ella. "Hay que ver como la chupas, nene! Lo habías hecho antes?" Le respondí que si, pero que era la primera vez que lo hacía en esta situación y que estaba re nervioso. Tenía miedo que en ese momento, con él, nos viera alguien. "He cerrado las puertas, estamos solos, así que tranquilo, que lo estas haciendo excelentemente bien y no vamos a hacer nada que no quieras". Sus palabras me tranquilizaron. Él comenzó a tirar los papeles de encima de la mesa al suelo mientras que con una mano se tocaba su polla lentamente.
Se quitó la camisa, dejando ver unos pezones hermosos y ese pecho peludo que seguía hasta su espalda también como un matorral de pelos, cosa que me encantó! y se sentó en su silla, comenzando a quitarse los zapatos para desnudarse.
Entonces me dijo - Desnudate vos también...
Me preguntó: Estas apurado?
Con la cabeza le dije que no...Él dijo: Que bien! así podemos ir como a mí me gusta, despacio... Yo me desnudé, y aunque no tengo mucho músculo a Jorge le gustó mi cuerpo. Mi pija, delgada pero larga dicen y estaba bien al palo, pero con nervios.
Él se acercó a mi silla y se sentó sobre mí, totalmente desnudo ahora, y comenzó a acariciarme todo mi pecho mientras me decía:
"Te he descubierto mirándome sin parar así que me he decidido. A mí me gustan los pibes como vos pero hace mucho que no estaba con ninguno, yo también soy muy vergonzoso".
Yo no hacia más que tocar todas las partes de su cuerpo: su peludo culo fue lo que más me excito, pero podía sentir como todas sus carnes estaban firmes, producto sin duda de su trabajo conservaba un cuerpo grueso pero en excelente estado para mis gustos. No me lo esperaba cuando llevó mi boca hacia la suya y comenzó a besarme despacio primero, y después con mucha pasión, para acabar en una batalla feroz de lenguas dentro de nuestras bocas. Él había agarrado mi pija con su mano y la movía lentamente, me pidió que le hiciera lo mismo con la suya y sin más siguió besándome, a mí casi me faltaba ya el aire pero lo gozaba mucho.

Yo notaba su pija dura, de vez en cuando me apartaba la mano supongo para que no acabar tan rápido. En esa escena, sentado él sobre mis piernas, de cara a mí, sintiendo el roce de nuestras barbas y nuestros cuerpos y manoseándonos la pija mutuamente, y besándonos, debió de pasar un buen rato porque cuando fui a darme cuenta los dos estábamos empapados en transpiración y con los labios morados. Después de todo este franeleo la verdad es que me había tranquilizado muchísimo, Jorge se portaba muy bien, se levanto de encima y se puso de pie frente a mí:
" Pibe, quiero culearte". Yo estaba deseándolo, hacía mucho que había sido penetrado, y estaba fuera de práctica la verdad, aparte mi agujero esta ba bastante estrecho, no quería que me hiciera daño pero él me dijo que lo haría con mucho cuidado. Se acercó al escritorio y del cajón saco un tarrito de vaselina. Me apoyo panza abajo contra el escritorio, se agachó y comenzó a meter lengua en mi hoyito aquello empezó a darme un gusto increíble, mi poija se puso bien dura, y goteaba jugos y antes que pudiera hablar él se inclinó encima de mí, y sentí como deslizaba la vaselina por mi ano, poniendo su panza en mi espalda (que placer! me dio eso) y me la fue apoyando. Me abrió las piernas un poco más, me pregunto por la posición, si estaba cómodo y al notar como separaba mi ano y entraba su glande comenzó mi éxtasis. Él comenzó metiendo solo la cabeza, despacio, y luego la sacaba, así unas veces. Me estaba volviendo loco del placer y ganasde que la ponga toda, con una mano empecé a pajearme, cuando noté que Jorge ya metió su pija totalmente, la primera vez lento, para luego comenzar a bombear rítmicamente dentro de mi culo, sin sacarla. Fue un placer inmenso, lo que me enloquecía era las veces en que él daba un empujón más fuerte introduciéndola entera y pegando sus huevos a mi culo. Woofff!!
Si había dolor no lo sentí, durante varios minutos me sumí en aquel palcer, cuando Jorge en un momento empezó aceleró para acabar se agachó hacia mi oído:
"Voy a llenarte de leche el orto pibe", y agarraba con su mano la que yo tenía sobre mi pija, para masturbándome él. Cuando se acabó dio un grito de gozo bien sonoro y así siguió mientras descargaba su lechita en mi interior. Podía sentir como su semen en cantidad enorme se escapaba por mi ano cuando sacó su pija, intenté cerrar el orto para no dejarlo escapar pero era demasiada leche wow! y algo se cayó sobre el piso. Al poco yo acabé también, y ensuciaba mi mano y la suya jaja. Fue muy caliente!
Me dejé caer del todo sobre el escritorio, me sentía satisfecho como nunca había podido imaginar ni en mis sueños más eróticos. Él se dejo caer sobre mí (Que lindo sentirlo encima mío!), recuerdo ese olor a sudor de macho, dulzón y fuerte que se quedará grabado para siempre en mi mente. Cuando pudimos recuperarnos un poco, aún en la misma postura, me dijo:
"Que gustazo me diste! estoy muerto!...".
Nos levantamos, él sacó papeles para limpiar la guasca que había en el suelo, mesa, manos y algo en mi culo.
Vi que en su pija que aún goteaba líquido, ya se había quedado flácida pero me pareció más apetecible, así que me ofrecí a limpiársela. Me agaché y mi boca y lengua saborearon de nuevo aquel regalo, el sabor de ese juguito de macho, del semen, me gustaba. . .
Nos sentamos en la mesa, él sudaba como un condenado y se limpiaba el sudor de la frente con un trapo. Durante más de media hora nos dedicamos a hablar, hacernos caricias y conocer mejor nuestros cuerpos. Sé que ya he hablado maravillas de su cuerpo pero no puedo evitar volver a recordarlo allí, con su cuerpo peludito, el pelo desenmarañado del sudor y su pija que ahora era ahora diminuta, pero gruesa, y casi no se veía entre aquellos hermosos huevos.

Me contó como lo había disfrutado, me preguntó si me había gustado y yo, ya totalmente tranquilo y confiado, le respondí que era la primera vez que había disfrutado tanto: Estaba muy contento.
Allí nos hubiéramos quedado horas, pero la hora de la comida ya había llegado y ambos teníamos que volver a nuestras casas. Me lancé y pedí a Jorge que me dejara ayudarlo a vestirse, agarré sus calzoncillos que estaban muy mojados del sudor y antes de ponérselos me los restregué por todo el cuerpo, por mi cara, respiré profundo para que me quedara su olorcito grabado. Mientras le ponía la camisa acaricié su pecho, los pelos suavemente, le masajeé las tetillas. Él se dejaba hacer y antes de salir volvió a besarme durante un buen rato, acariciándome el culo... Cerró el taller y nos subimos en su coche, me llevaba de vuelta a casa. El ir al super se me había olvidado por completo jaja...
En el camino, charlando me contaba que en el taller, su único consuelo era hacerse pajas en su despacho cuando estaba solo. La conversación volvió a excitarme.Le dije que me habían entrado unas ganas locas de chuparle la pija otra vez y comencé a desabrocharle el pantalón.
Me dijo: "Espera que yo necesito descansar, no puedo puedo hacerlo otra vez y menos conduciendo".
Pero no le hice caso, me incliné sobre su pija, le saqué los huevos fuera del pantalón y empecé a comérmelos, chupárselos con todas las ganas. Él ya no podía conducir bien así, y como vio que yo no paraba, estacionó el auto en la primera que pudo. Me di cuenta cuando paró el coche, que lo había hecho en un área de descanso con muchos árboles y que estaba vacía. Me hizo parar para bajarse bien los pantalones y retirar atrás el respaldo de su asiento, yo hice lo mismo y seguí chupándole pija y esos ricos huevos. El olor a bolas de macho era ya muy fuerte, y después de un rato, Jorge me pidió que parara. "No se me va a parar".
Yo no le hice caso de nuevo estaba decidido a tragarme toda aquella leche y seguí chupándosela entonces, y chupando hasta que me dieron arcadas al tragarla toda, pero me encantó.El fuerte olor a sudor que teníamos los dos no hacia mas que seguir excitándome, así que mis besos y chupadas se hicieron más intensas. Me la metí hasta la garganta. Él dijo "Eso es, chupamela como vos sabés".Ya no podía aguantar más me susurró de pronto y al poco tiempo, él estaba acabando dentro de mi boca, se me nublo la vista de tanto placer. Acababa dando espasmos, y noté el montón de semen que entraban en mi boca. Intenté tragarlos pero en menos de un segundo mi boca se había llenado, y es que Jorge estaba teniendo una acabada de huevos de aquellas, no paraba de echar leche, tuve que dejarla salir por la comisura de los labios, y al acabar tenía toda mi boca llena entre leche y pija y se le habían puesto los pelos de pija y huevos todos pringados.
Él estaba rojo como un tomate y los ojos también le lloraban, le había encantado.
Mientras sentía el gusto de su lechita tan rico.
Agotado ya, notaba como su pija se desinflaba rápidamente dentro de mi boca. Pero no dejé de chupar hasta que salió la última gota.Nos besamos con las pocas fuerzas que nos quedaban, pero el beso fue con un cariño enorme y dulzura.
Se quedó callado y reposando mientras yo acababa de comer lo último que quedaba del semen en sus pelos y bajo vientre, intentando dejarlo lo más limpio que podía.
Nos miramos, nos sonreímos, le di un abrazo y un beso largo y nos dispusimos a vestir.
"Estos calzoncillos están para tirarlos" le oí decir refiriéndose a sus boxer blancos que chorreaban de sudor, manchas de semen y sucios, con fuerte olor. Se puso solo los pantalones pero al ver que quería tirarlos le detuve y le dije:
Quiero quedarme con este tesoro para mí.
Jorge sonrió y nos besamos de nuevo por ultima vez. El viaje de vuelta a mi casa acabó y tras dejarme me dijo que dentro de dos días que pasara por la tarde y no tuviera mucha prisa en volver a casa. Complacido pasé todo el día siguiente pensando en él, haciéndome pajas como un loco, deseando que llegara el jueves tarde. Cuando al fin llegó el día, me dirigí hasta el taller, el reencuentro con él fue hermoso, así que cerramos el taller y nos fuimos a su campo, a diez kilómetros de acá, a pasar un finde precioso... Pero eso es ya otra historia.
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